El traje usado por el hombre Ampurdanés era tan ancho de calzón (cuixot) como ajustado de cuerpo, precisamente en el extremo superior, a propósito para arremangar-se; alto hasta el sobaco y sostenido por unos tirantes de seda abigarrados, cuyos extremos delanteros para más lujo caían ondulantes sobre el delantal del pantalón, y este delantal del ancho de la mitad delantera del cuerpo que lo vestía, junto con la inseparable faja de seda, por supuesto colorada, que sólo servía de lujo visto el hombre por detrás, pues la parte delantera la cubría el gran delantal descrito y en cuyos dos lados caían descuidadamente las dos extremidades o cabos de dicha faja. Cubríanse la parte superior del cuerpo con una chaquetita o chaleco tan diminutos y extremadamente cortos que más bien parecían hechos para desabrigo que no para abrigo, coronando semejante traje una gran gorra colorada (barretina vermella) de unos cuatro o cinco palmos de largo, tal que para poderla sostener sobre la cabeza había de plegarse en tres o cuatro dobles, obligando a su dueño a marcharse tieso, altivo y arrogante.
